Hay lugares que se visitan. Otros se recuerdan. Y unos pocos terminan formando parte de la identidad de quienes los viven. No ocurre el primer día. Tampoco después de unas semanas. Es un vínculo que aparece de forma silenciosa, casi imperceptible, hasta que un día descubrimos que ya no hablamos de un destino, sino de una parte de nosotros mismos. Durante mucho tiempo, el valor de una vivienda se...




