Hay un momento —casi imperceptible— en el que la forma de entender el hogar cambia. Ya no se trata de metros cuadrados, ni de una dirección concreta, ni siquiera de vistas privilegiadas. Se trata de algo más profundo: sentirse protegido del ruido exterior, física y mentalmente. En ese punto, la vivienda deja de ser un lugar y se transforma en un refugio. En el mercado inmobiliario de lujo, este...




