Durante décadas, el lujo se asoció a lo visible: ubicaciones emblemáticas, arquitectura icónica, direcciones reconocibles. Sin embargo, en la actualidad, el verdadero privilegio ha evolucionado hacia algo más sutil y profundo: la capacidad de controlar el propio entorno. En un mundo hiperconectado, donde la exposición es constante y el tiempo parece fragmentarse en múltiples exigencias, el espacio...




